Friday, May 6, 2016

De la Honestidad

Es curioso cómo una siempre busca inspiración en las mismas cosas, en los mismos textos, en los mismos olores, en las hojas. Yo siempre suelo regresar al Gabo. Me llena de unas energías extrañas que a veces no sé medir. No hace falta. Pero las necesarias como para decirle “sube, aquí matamos gente” al cabrón que se atrevió a gritar “eah mami, vamos a prender, ¿te acompaño? ¿fumamos?”. Desde el balcón se escucha una de cosas… y yo solo quería repasar al Gabo.

No pude. Cuando una tiene quince cosas en la cabeza no se le puede leer porque nada entra, o porque las sensibilidades están tan afloradas que conviene no provocarlas. Cerré el libro y me dije que soy una cobarde. Y es que soy una cobarde que esconde las lágrimas, aunque me encantan. Como si las lágrimas fueran sinónimo de debilidad, y como si ser débil fuera un pecado capital. Y se pone una a repasar los pecados capitales y se da cuenta que va para el infierno. Quizás allí me encuentro al Gabo y tengo energías para toda la eternidad, aunque las necesito ahora.


Decir la verdad es un mal necesario, un alivio, pero también es uno de esos actos que requiere gran energía. Sobre todo si apalabrarla lastimará a otros. Hoy tuve una gran lección. Quizás gracias al Gabo, quizás no. Ya no sé. No hace falta.

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