Aveces me miro en el espejo y me siento extraña. ¿Se supone que reconozca lo que veo? ¿Se supone que vea lo que los demás ven? Entonces me da un poco de miedo de no conocerme, de pretender ser algo que no soy… y me culpo. Me culpo porque esta pendeja pretensión se basa principalmente en lo que ve el otro. No en lo que veo yo. Y me doy tristeza. Tristezas. Por andar en esos espacios de incertidumbre y pesares que al final tienen todo y nada que ver conmigo, con el reflejo en el espejo, con los espejuelos grandes y los labios pequeños que me soprenden cada que veo una superficie que se obstina con mostrarme. Ay, no sé, como él dijo, todo esto está mal escrito.
Vomitar
Saturday, June 18, 2016
Ay, no sé
Aveces me miro en el espejo y me siento extraña. ¿Se supone que reconozca lo que veo? ¿Se supone que vea lo que los demás ven? Entonces me da un poco de miedo de no conocerme, de pretender ser algo que no soy… y me culpo. Me culpo porque esta pendeja pretensión se basa principalmente en lo que ve el otro. No en lo que veo yo. Y me doy tristeza. Tristezas. Por andar en esos espacios de incertidumbre y pesares que al final tienen todo y nada que ver conmigo, con el reflejo en el espejo, con los espejuelos grandes y los labios pequeños que me soprenden cada que veo una superficie que se obstina con mostrarme. Ay, no sé, como él dijo, todo esto está mal escrito.
Thursday, June 2, 2016
Alabanza al bisturí
“Enséñame y yo te
maquillo.” Él dice y yo sonrío como sin ganas, pero agradecida. Él es gracioso
de vez en cuando y cuando me ve contemplando mis manos se las ingenia. “Va a
ser una ventaja cuando estés sola y quieras tocarte...”
***
Detengo todo. Con
frecuencia me detengo y las miro. A veces las huelo porque huelen a la mami de
mi infancia, o a cloro, que en este caso es lo mismo. Las miro con tristeza.
Intento obligarlas a detenerse, pero entonces el dedo del medio se encoge un poco
y, junto al resto, comienza ese jamaqueo leve pero eterno. El meñique de la
derecha es el más inquieto, no sé por qué. Dicen que los más pequeños son ajíes.
***
- Nena pero
tranquila, no tienes por qué estar nerviosa.
- No estoy
nerviosa.
- Pero estás..
- Temblando. Lo
sé. Gracias por el anuncio.
- ¿Pero nunca has
ido al…
- Al médico. No…
- Debe ser la…
- El azúcar. Tal
vez.
***
Tengo 24 años y mis manos tiemblan como si tuviera, no sé, 60, quizás. Tiemblan todo el maldito tiempo y cada vez tropiezan más con ellas mismas, se niegan a delinear bien los ojos, y como mi paciencia es débil ya desistí del esfuerzo fútil de pintarme las uñas, aunque me gusta. Me gustan rojas. O negras. O azul oscuro, o morado. Pero desistí. El ejercicio me requiere tanta concentración que me desespera. Se me enredan las manos, respiro hondo, paso por primera vez la brocha dibujando la primera línea que divide la uña justo por la mitad. Lo logro. Pero la segunda línea siempre es más difícil. La trazo. Se escapa el esmalte a un pedacito de piel, las líneas se dibujan extrañas, respiro hondo una vez más, ‘estrillo’ los dedos, vuelvo al ataque, siguen temblando, nenas quédense quietas un ratito, acerco la brocha a la uña, tiembla el dedo, tiembla la brocha. Fuck it.
***
Por suerte me tocó
un lápiz y no un bisturí. Salvo alguna que otra palabra, nadie corre
riesgo.
Friday, May 6, 2016
De la Honestidad
Es curioso
cómo una siempre busca inspiración en las mismas cosas, en los mismos textos,
en los mismos olores, en las hojas. Yo siempre suelo regresar al Gabo. Me llena
de unas energías extrañas que a veces no sé medir. No hace falta. Pero las
necesarias como para decirle “sube, aquí matamos gente” al cabrón que se
atrevió a gritar “eah mami, vamos a prender, ¿te acompaño? ¿fumamos?”. Desde el
balcón se escucha una de cosas… y yo solo quería repasar al Gabo.
No pude.
Cuando una tiene quince cosas en la cabeza no se le puede leer porque nada
entra, o porque las sensibilidades están tan afloradas que conviene no provocarlas.
Cerré el libro y me dije que soy una cobarde. Y es que soy una cobarde que
esconde las lágrimas, aunque me encantan. Como si las lágrimas fueran sinónimo
de debilidad, y como si ser débil fuera un pecado capital. Y se pone una a
repasar los pecados capitales y se da cuenta que va para el infierno. Quizás
allí me encuentro al Gabo y tengo energías para toda la eternidad, aunque las
necesito ahora.
Decir la
verdad es un mal necesario, un alivio, pero también es uno de esos actos que
requiere gran energía. Sobre todo si apalabrarla lastimará a otros. Hoy tuve
una gran lección. Quizás gracias al Gabo, quizás no. Ya no sé. No hace falta.
Tuesday, April 26, 2016
Ausencias 1
Esta
es la generación de las ausencias. O al menos otra generación de las ausencias,
por eso de hacerle justicia a la historia. Crecemos con huecos que llena la
distancia, una llamada, o en el peor (¿o el mejor?) de los casos el olvido.
Sunday, March 27, 2016
La perfección
Pocas cosas
me excitan tanto como el caos, aunque no parezca. La adrenalina y el alcohol y
los ojos cansados y llorosos y hermosamente negros, pintados con noche y humo.
La estabilidad me da miedo. Podría alcoholizarme todas las noches, todas las
tardes, todos los días y llorar y sudar y lamer y morirme a los treinta y sería
feliz. No temo a la adultez, sencillamente la repulso. Me bastaría con estriar
el molde, ser todo lo que lograría que mami se avergüence y me odie. Pero
no puedo.
Saturday, March 26, 2016
Pa correr
Es cierto.
Me engaño. Me digo que quiero honestidad y es cierto. Pero no honestidad para
digerirla y aprender a vivir con ella, como digo. Y es cierto, detesto la
mentira. Pero si pido la verdad es para salir corriendo, para no caer en esa
trampa que es la falacia, para no quedarme allí. ¡Qué hipócrita he sido! Pero
es cierto y no queda de otra.
Gracias Z.
Wednesday, February 10, 2016
Mami: otro fracasado intento de (d)escribirte
Ma’ #1
No se escribir de mami todavía.
Ma’ #2
Opté por la leche en la espalda, los jevos múltiples y variados, las jevas ocasionales, el cigarrillo de algunos días, el pitillo de algunas noches, la cafrería disfrazá, los amigos pelús, las amigas blasfemas, el perreo en 20 uñas y el olor a soledad. Opté por cagármele en la madre a Muñoz, en el padre a Cristo, por huirle al matrimonio y a los niños, por joder a los adultos, por llorar todas las noches y discutir hasta el cansancio. Opté por preguntar y por no dejarme joder –tanto- por un hombre. Ella esperaba todo lo contrario.
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