Sunday, January 24, 2016

Un altar a la nada

     ¿Qué carajos voy a hacer? Un altar a la fuerza puede no ser tan mágico como esos pequeños altares que nacen de la nada. Luego me sedujo la idea. Fotos, pensé primero. Pero no me valió ni la pena ni las ganas. Ni de vivos, ni de muertos. Los primeros están ahí y prefiero sentirlos, olerlos. Los segundos… bueno, no me gusta tener tanto muerto mirándome. No me gusta recordarlos aunque los recuerdo. Hacerlo es recordar que esto-se-va-a-acabar. Y no es de la muerte de quien huyo, sino del tiempo. Me aterra que se me escurra entre las manos sin haber alcanzado lo que perseguí (aunque ahora no tengo idea de lo que persigo). Me aterra un “no pude y ya no hay tiempo”, y esos ojos que persiguen a una de lado a lado son como el tic-toc que me estremece la vida y me despierta el sueño. Espero que mis ojos nunca persigan a alguien desde la oscuridad de la nada. Por eso opté por una planta en el extremo izquierdo de una mesa coja de madera (aunque hoy la sustituye una planta de mentira por eso de que me mudo en unos días). Verde. Con V de vida. Con vida que depende de agua, de luz, de mí.
     Al centro está Gabo y un compendio de sus textos periodísticos que me gritan <<libertad>>. Maldita sea, siempre quedaron por obligación unos ojos de muerto, por esa extraña obsesión de la gente de ponerle rostros a las palabras. No los juzgo. Y ahí está él, en la portada del libro. Periodismo. Libertad. Casi un oximorón. El mejor oficio del mundo, decía. Yo no le creo tanto, pero me lo disfruto. El periodismo está tras las rejas del mercado, aunque es una esperanza para algunas que creemos que un mundo mejor es posible. Se nos va la vida tras la justicia. Vida. Libertad. Justicia.
     Esta la tenía clara: no podía faltar el globo terráqueo. Ese que sujeta algunos libros y ahora al Gabo, ese que paseo frecuentemente con los dedos marcando dónde estuve, buscando a dónde ir, dónde están los que se han ido, los que conocí allá, dónde está aquel par de ojos claros que corretearon mis latitudes y quizás algo más. Juego. Vida. Libertad. Justicia.
     Luego recordé la pieza esa que no sé cómo se llama pero que quema un tipo de cera que termina convirtiéndose a olor. Lo ubiqué a la derecha de Gabo y del mundo sin  buscar muchas razones. Solo hay algunas pestes que detesto y el fuego siempre luce bien. Lo demás en la mesa es espacio libre para que se le sigan acumulando las excusas.



No se me ocurre algo más.



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